la fotógrafa

'Siempre cargando con una cámara’, así se le recuerda desde bien pequeña. Una mirada inquieta, unos ojos precisos y una mano paciente. Ella recuerda que a los nueve años le quitaba la cámara a su padre a hurtadillas. Para colmo, una amiga de la infancia, de familia fotógrafa, como lo habían sido sus padres y abuelos, la llevaba algunas tardes al estudio donde, sin saberlo, se impregnó del olor de los líquidos de revelar, se contagió de las sonrisas de los retratos y de la ilusión de ver aparecer las imágenes de sus ojos en un papel.
No hubo marcha atrás el día de su decimoséptimo cumpleaños, ‘cuando mi padre me regaló mi primera cámara réflex. Cuánto ensayo, cuánto error. No sé como pudieron aguantar mis padres tal inversión!’. Ahora, aquellas primeras instantáneas forman parte de su archivo en papel más personal.


Después de una etapa profesional dedicada a la consultoría empresarial, se dio cuenta de que necesitaba recuperar su propia esencia: parar el tiempo a través del visor, deleitarse en aquellos segundos que nunca más volveríamos a contemplar, captar el espíritu de aquellas imágenes que la emocionan. 

El apoyo de su chico es clave para ella, ‘mi compañero de largas y pacientes jornadas de trabajo’. Los viajes también lo son. 

Cuenta con varios premios y una formación profesional posterior, hasta ese momento había sido autodidacta, comenzó a exponer tan pronto como pudo y así sigue hasta hoy.
 
‘He expuesto en España y en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, y ahora quiero poner mi forma de mirar la vida a vuestra disposición de un modo diferente, con un marco distinto, dejando de lado la inmediatez y la futilidad de las redes sociales, el mundo digital…quiero que podamos disfrutar de una imagen que nos llegue, nos transmita energía, en una suave y cálida prenda de algodón absolutamente exclusiva’

‘Espero que os guste esta nueva apuesta y que mis obras puedan formar parte de vuestras vidas’.
 
 
Cris Romero